PULSO 

Eduardo Meraz

Ciertamente las ciencias exactas no son el fuerte del cuatroteísmo, como se ha demostrado en las recientes semanas, cuando les ha sido imposible despejar la incógnita -X-, y están vueltos locos tratando de encontrarle la cuadratura al círculo, confirmando por qué tienen al país en tan deplorables condiciones.

El valor de la oligarquía, a la cual atribuyen casi todos los males, es el mismo dentro y fuera de Palacio Nacional, donde no sólo es bien recibida, sino muchos de sus integrantes son objeto del deseo presidencial de motivarlos a invertir, pues sus obras faraónicas han resultado más caras y no hay dinero suficiente para mejorar el resto de la infraestructura del país.

Los dos primeros convenios suscritos con el sector privado, los cuales alcanzarían 1.5 billones de pesos, se quedaron cortos pues no llegaron ni a la mitad y, ante la ausencia de información oficial fidedigna, se desconoce si después de cuatro años ya se concretaron en su totalidad dichos proyectos.

Gobernar con base en ocurrencias y caprichos dio al traste con la luna de miel de 2019 y ha ocasionado el desencanto entre los hombres de empresa, alejándose o espaciando cada vez más sus visitas al palacete virreinal, pues cada que acuden les pasan la charola, como si fuera obligatoria darle al gobierno, a manera de pago de pensión alimentaria.

La reticencia de los empresarios, por lo señalado, es perfectamente entendible, pues se conforman con que la fiebre expropiatoria del habitante temporal del palacete virreinal no los alcance, lo cual no los exime de padecer la “política persuasiva” de sacrificar ganancias.

A pesar de esta “coperacha”, los costos de las obras de gobierno siempre terminan con sobrecostos, en muchas ocasiones del doble o el triple del precio estimado originalmente, confirmando con ello que los números no se les dan, salvo cuando sirve para beneficio de los funcionarios.

Por ello, no debe extrañar los recientes reclamos de algunas agrupaciones de hombres de negocios como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y del Consejo Empresarial Mexicano (CEM) por la postura e impostura del oficialismo hacia la aspirante a la candidatura presidencial por la alianza opositora, Xóchitl Gálvez.

Sin decirlo abiertamente, los organismos de representación del sector privado se niegan al encasillamiento de ser promotores de esa potencial candidatura, sobre todo si se toma en cuenta que fue el propio titular del ejecutivo quien con su actitud irrespetuosa y fuera de la ley, quien alentó la participación de Gálvez Ruiz.

El involucramiento, así sea tangencial de parte de los empresarios en los asuntos políticos del país, es un llamado de atención hacia el cuatroteísmo, empezando por su jefe máximo y jefe de campaña de las corcholatas, para contener su ilegal intromisión en el proceso sucesorio y por su ofensiva hacia la senadora.

El “metichismo electoral” del mandatario innombrable, deriva de su inquietud de ya no tener seguridad de que habrá continuidad en la Presidencia de la República y, al no contar con un pacto con la oposición, podrá ser juzgado no únicamente por la historia, sino legalmente por los múltiples agravios, violaciones y cochupos cometidos durante su administración.

La totalmente falsa y montonera campaña instrumentada por el oficialismo para demeritar y, en lo posible, frenar la candidatura de Xóchitl Gálvez, al parecer no cuenta con el aval del sector privado, al menos de un segmento, lo que dificulta la capacidad del cuatroteísmo para resolver la ecuación sucesoria, al desconocer el auténtico valor de X.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

La decisión salomónica adoptada por el Tribunal Electoral, respecto del adelantamiento de las campañas electorales de parte de las distintas fuerzas políticas, que podría resumirse en que cada uno se quede con su golpe, no abona a la equidad de la contienda y favorecería la aparición de nuevas chapucerías.

 

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